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REPRESIÓN DE hUELGA DE DOCENTES , EN FOTO, CONGRESISTA ROZAS

Violencia tramada del Estado y la lógica de la violencia civil-comunal (I).

PRESAGIOS DE UNA GUERRA CIVIL: Política por tierra y la lógica de la violencia comunal en los Andes.

Sólo reaccionamos con una deliberada rabia y violencia cuando es ofendido nuestro sentido de justicia.

Hannah Arendt 

Publicado: 2018-05-16

Esta columna es un extracto de una tesis de trabajo denominada "PRESAGIOS DE UNA GUERRA CIVIL: Política por tierra y la lógica de la violencia comunal en los Andes. (Andahuaylas, 1960 a 1979)". 

Violencia tramada del Estado y la lógica de la violencia comunal en Andahuaylas .

Sin la aplicación sistemática de la violencia, el cambio del sistema de tenencia de tierras era posible, pero cuando las circunstancias hacen inevitable el empleo de la violencia, los campesinos recorren a ella con la clara conciencia de que se está ante un impase que no puede resolverse dentro del sistema ejercido por instituciones competentes. Se ejerce así la violencia, no como parte y en contra del sistema, sino como último recurso. Hannah Arendt (2006), afirma que sólo reaccionamos con una deliberada rabia y violencia cuando es ofendido nuestro sentido de justicia, lo que no significan que estas sean irracionales. Tal parece que tras una larga lucha por la tierra que no tuvo solución, la violencia (como la toma de tierras, represión y masacres) ha sido el único medio de restablecer el equilibrio de la balanza de la justicia. Los campesinos tomaron la ley con sus propias manos en favor de la justicia. Litigaron sus demandas por medios legales, y al no encontrar respuesta satisfactoria, optaron por tomar la justicia por su cuenta llevando hacia los tribunales a los hacendados, gamonales y autoridades abusivas, establecen alianzas con partidos políticos, e invaden o recuperan sus tierras, conscientes de las consecuencias que podrían caer sobre ellos, tales como la represión y la muerte. En ese sentido, podríamos plantear que la violencia en las comunidades andinas, figura entre las emociones campesinas racionales de lograr la justicia. La violencia se torna irracional cuando se agitan contra sustitutos, es decir, provocar la acción de campesinos, incluso a riesgo de represión, aniquilamiento, etc, como estrategia para desenmascarar opositores y desestructurar organizaciones en defensa de intereses privadas por medio de violencia donde “todos son culpables” y a la vez “nadie es culpable”, lo que conduce a una ambigüedad en la que el provocador desempeña simultáneamente el papel de victimario y víctima.  

La violencia asumida permite a los campesinos recuperar su lugar, y reintegrarse. La violencia es entendida así como la mediación real y respuesta ante otra violencia ejercida desde afuera. Para Fannon (2007) el hombre “colonizado” se libera en y por la violencia. El desarrollo de la violencia en el seno del “pueblo colonizado” será proporcional a la violencia ejercida por el “régimen colonial” impugnado. Marx define que “todos los Estados que existieron hasta hoy fueron órganos de violencia de una minoría, los explotadores, sobre la mayoría, los explotados”. Todo estado está fundado en la violencia, dijo Trotsky, pero la violencia no es el único medio de que el Estado se vale pero sí es su medio específico. Para Weber (1919) el Estado no es sino una comunidad humana que, dentro de un determinado territorio, reclama para sí el monopolio de la violencia legítima o ilegítima. Para los Andes del Perú, Torres Arancivia (2016) dilucida el concepto de violencia entre los siglos XVI y XVII, como mecanismos mediante los cuales hispanos, blancos criollos y mestizos ejercieron violencia contra las poblaciones nativas y sus descendientes. Las relaciones nada armoniosas entre indios e hispanos en los Andes virreinal estaba inscrito en la cultura política, un Estado cuyos agentes (el Estado, propiamente dicho) forzaron a que el “otro” llamado indio (andino) era un ser humano diferente. Propone así que la “violencia es tiranía e injusticia”, que en los Andes peruanos se puede ejercer la violencia hacia quienes los hispanos consideraban menos humanos o no humanos. De ahí que el siglo XVIII fuera catalogado como un siglo de rebeliones anticoloniales llevadas a cabo por indígenas y mestizas, principalmente, que respondían con violencia al programa modernizador conducido por el Estado. Del Pino (2008), sostiene que cuando en la década de los 40 estas poblaciones reemprenden la búsqueda del gobierno para alcanzar el reconocimiento de sus comunidades parcialmente logradas en los años 60 con Belaunde, ese es un momento clave cuando la noción de gobierno deviene en una identidad política de los campesinos. Pero la articulación es parcial e inconclusa. Por eso cuando Sendero Luminoso (SL) inglés inicia su lucha armada en 1980, las comunidades aun esperaban su reconocimiento y luchaban en nombre del "gobierno" contra la insurgencia de SL. Dicho de otra forma, durante los siglos XIX y XX se repite “la misma práctica de represión y violencia como extensión de la negación e invisibilidad de esta población en el sistema de legalidad y orden del Estado”. Se ejerce así la violencia desde el Estado. La violencia se convierte en el único medio del Estado, directamente vinculado al manejo del poder político, jurídico, ideológico y económico en diversos estratos sociales. La violencia política en el Perú tiene origen colonial con una constante hasta la actualidad. País jerarquizado y estratificado con conflictos contantes entre dominantes y subordinados (Quispe, 2015). Para el gobierno de Velasco, la participación de los campesinos en el seno del proceso revolucionario constituía un punto clave. Pero, ¿cómo conciliar un régimen militar, por definición autoritario, con el concepto de promoción de la participación política campesina - CNA? Los campesinos fueron los que, armados con análisis marxistas, denunciaron la traición y la incompatibilidad histórica de tal situación. Recuerdan que era una imposición desde arriba. La literatura es amplia respecto a las decepciones campesinas y relacionan las crecientes insatisfacciones percibidas en zonas rurales frente al gobierno, la reforma agraria y el surgimiento de Sendero Luminoso (Berg, 1987; Mayer, 2009; y Dorais, 2012). En cierta medida, en el transcurso de la década del setenta, las luchas internas que socavaron el potencial revolucionario de la izquierda radical, le permitieron a Sendero Luminoso reclutar, dentro de las demás organizaciones marxistas-leninistas, a los elementos más radicales como Mezzich y Quintanilla que pertenecían a Vanguardia Revolucionaria y las tomas de tierras en Andahuaylas.

¡Por qué Sendero Luminoso implanta su propio sistema de justicia contra hacendados, autoridades locales y algunos campesinos? La Serna (2008: 386) al realizar una microhistoria al interior de las comunidades y sus relaciones entre-comunidades de Chuschi – Quispillaccta y otras comunidades en las alturas de Huanta, señala que unos cuarenta años antes de la violencia política, los conflictos locales por violaciones, alcoholismo, abigeos, posesión de tierras, ganado, representaciones religiosos, étnicos y libertije habían llegado al punto de “inmoralidad” desafiando el Statu Quo. La lucha armada de Sendero Luminoso les ofreció una oportunidad a los campesinos en estos pueblos a saldar las cuentas.

No obstante, en este contexto, las microdinámicas locales en estas comunidades, revelan disputas intracomunales y agencia campesina. A partir de las acciones que se esconden detrás de la “toma de tierra” y política por la tierra en Andahuaylas, sugiero entender el sentido del conflicto armado interno a partir de los antecedentes de los años 60 y 70 y proponer la idea de guerra civil para el periodo de los años 80 y 90. Para ello se toman en cuenta las propuestas teóricas del politólogo griego Stathis N. Kalyvas, quien señala que la violencia en medio de la guerra civil no es caótica, anárquica ni pasional: ocurre entre personas conocidas y en un contexto en el que los insurgentes y el Estado disputan la soberanía de un territorio y el control de la población. Indica que este conflicto se conecta con las disputas familiares y comunales que en algunos casos vienen desde antes, de tal modo que lo político se privatiza y lo privado adquiere un cariz político con la consiguiente reproducción letal de la violencia. Así, la guerra deviene en un proceso combinado donde insurgentes y Estado usan la violencia y alientan las denuncias para obtener información, los individuos aprovechan la ocasión para denunciar a los contrincantes (confiando en el anonimato que se les ofrece) y solucionar sus disputas privadas (Kalyvas, 2001, 2004, 2010). Es decir, si bien toman tierras de manera colectiva para lograr justicia ante usurpación de sus tierras, también aprovechaban esta coyuntura para arreglar sus diferencias familiares, comunales, intercomunales, contra hacendados, varayuq y los campesinistas, esta tensión se agrava aún más al iniciar la lucha armada por SL en 1980. A estas microdinámicas locales que revelan disputas intracomunales las he denominado como la lógica de la violencia comunal.


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