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Violencia política: ¿guerra popular o guerra civil? (II).

PRESAGIOS DE UNA GUERRA CIVIL: Política por tierra y la lógica de la violencia comunal en los Andes.

Publicado: 2018-05-16

Esta columna es un extracto de un tesis de trabajo denominada "PRESAGIOS DE UNA GUERRA CIVIL: Política por tierra y la lógica de la violencia comunal en los Andes. (Andahuaylas, 1960 a 1979)". 

Violencia política: ¿guerra popular o guerra civil?

Violencia, puede ser “todo tipo de acción que resulte en daño serio para la vida o sus condiciones materiales”. No obstante, para algunos “violencia es un término carente de autonomía conceptual: por lo general se emplea como sinónimo ‘conflicto’ o ‘guerra’”, pero no se puede reducir a un conjunto de valores ni a la identificación de víctimas y victimarios particulares. Se sugiere entender la violencia como proceso dinámico de decisiones y hechos que se combinan para producir actos de violencia con actores invisibles partícipes en el proceso.

La violencia política, en más de una vez es entendida como “confrontación entre fuerzas (insurgentes y contra insurgentes, revolucionarios y contra revolucionarias) que intentan desde un lado la toma del poder y desde el otro la preservación de lo mismo”. En el Perú, el entendimiento académico y popular sobre la “violencia política” o “sasachakuy tiempo”, surge de los debates oficiales, académicos y populares para referirse a las acciones subversivas de sendero y contra subversivas de las fuerzas del Estado entre 1980 y 2000. Cuando se habla de “violencia política” se refiere a un conjunto de hechos en el que destacan dos elementos: 1) dos o más actores sociales que son portadores de proyectos políticos asumidos, al menos por uno de ellos, como irreconciliables; 2) la apelación a acciones de fuerza, coerción e intimidación como parte dominante de su estrategia o metodología para imponer dichos proyectos (Desco, 1989).

En Andahuaylas, la represión y la violencia ejercida sobre el derecho a la tierra y la movilización por la tierra se definen como un tipo de violencia mitigada o tramada, siempre precisa de una guía y una justificación. ¿Quién ejerce violencia contra quién? En más de una vez, la violencia tiene dos caras: “la violencia organizada del Estado o aquella que irrumpe frente al mismo”. Un estudio desde la memoria de los campesinos sobre la movilización por la tierra en algunas zonas de Perú, es de Enrique Mayer (2008) y Berg (1987); muestran el descontento masivo de los campesinos respecto a las promesas del gobierno sobre la reforma agraria, expresados en protestas que terminaron en una campaña de represión militar. Para miles de campesinos, donde no hubo combates entre sendero, fuerzas del orden y la población, hubo violencia (con sus múltiples adjetivaciones: política, social, económica) antes, durante y después de lo que se conoce como violencia política entre 1980 y 2000.

Hay estudios sobre violencia colectiva o social (como manifestaciones, protestas, disturbios, huelgas, etc.) en el contexto de movimientos sociales, no obstante, hay pocos estudios sobre la violencia dentro de movimientos sociales, así como dentro de la movilización campesina por la tierra en el Perú, pese a ser un precedente cargado de violencias dentro de comunidades y ciudades que desencadenó en lo que conocemos como la violencia apolítica durante 1980 y 2000. Nelson Manrique (2002) señaló que para la izquierda peruana, la transición del discurso de la guerra popular al de la lucha por la ampliación de la democracia no fue simple ni lineal. Si en 1980 decidieron incorporarse a las elecciones generales fue dejando muy en claro su voluntad de utilizar el “establo parlamentario” como una simple escala en la preparación de la guerra popular. La guerra popular era la alternativa que reclamaban la mayoría de las organizaciones radicales como el camino hacia el poder, y SL no hizo más que llevar a la práctica enunciados que virtualmente todos compartían. En ese sentido, la quema de las ánforas en Chuschi en 1980 fue el inicio de la “guerra popular” para SL, así lo denominó Abimael Guzmán citando un documento de Mao, “Desarrollar la guerra popular siguiendo la revolución mundial”. Se inicia con lo que ellos llaman “grupos armados sin armas”, que se trata de comités populares controlados por SL que paulatinamente se irán armando (CVR, 2004). Para SL la guerra popular era la estrategia de "cercar las ciudades desde el campo" iniciando con acciones de invasiones de tierras, levantamiento de cosechas, boicot, sabotajes, amenaza a autoridades locales, desarrollando justicias populares, etc. Carlos Tapia (1995), al percibir que en el contexto de la guerra el uso de la fuerza como medio para resolver los más variados problemas se había hecho sentido común, sugirió que se trataba de una “guerra campesina, no guerra popular”. Es decir, cuando los campesinos tomaron partido con y contra SL o FF.AA., la guerra adquirió el carácter de guerra entre campesinos, ya que se trataba de un enfrentamiento entre comunidades, comités de autodefensa y los pelotones y columnas senderistas, entre las comunidades que estaban del lado de las FFAA y las comunidades que se encontraban sometidas por el senderismo y a las que denominaban sus "bases de apoyo". En algunos casos, al interior de las propias bases de apoyo de SL se produjeron duros enfrentamientos entre los campesinos sometidos y los mandos senderistas. Para el caso de Andahuaylas, Quintanilla casi al inicio de la lucha armada sostenía que el “proletariado en alianza con el campesinado” conduciría el “nuevo Estado”. Que no había otra salida sino destruyendo el “viejo Estado” y su aparato de poder mediante “una guerra popular” (Quintanilla, 1981). Pero el caso de Andahuaylas también ofrece una lectura amplia con diferentes connotaciones: “violencia política” como consecuencia, proceso complejo y ambiguo de actores locales y extralocales. Los mismos campesinos, vecinos, familiares y entre comunidades empezaron a acusarse entre ellos dilatándose no solo de traicioneros, sino, el inicio de la lucha armada sirvió como excusa para arreglar cuentas.

Hay abundante bibliografía sobre la agencia campesina y las “artes de la resistencia”, pero pocas beses se escribe sobre cómo los campesinos usan sus armas no solo contra los poderosos, sino contra ellos mismos, traicionándose y dañándose para conseguir sus intereses. Pero todo ello parece convivir en un gobierno que opera con el principio de abandono intencional y dañino con violencias ocasionales. La trayectoria del Estado peruano, se ajusta a la idea de “gobierno por abandono” (Heilman, 2013) donde la impunidad de crímenes graves como homicidios, masacres, robos, expropiación de tierras, etc., ocurrían sin repercusiones legales donde autoridades regionales y nacionales casi nunca prestaban atención a las quejas constantes de abusos sobre autoridades locales. Por ello, la única forma de luchar contra esos abusos, era la violencia combinada de actores invisibles con decisiones y hechos contradictorios y ambiguos. La cultura política campesina por la tierra, está envuelto en una compleja interacción entre los actores con distintas identidades e intereses en convergencia de los motivos locales y los imperativos supra-locales, lo que otorga a la lucha por la tierra su carácter particular que confunde la división entre lo político y lo privado, lo colectivo y lo individual, lo comunal y lo extracomunal (Kalyvas, 2001: 06 y 2004: 76). Por eso, el caso de Andahuaylas ofrece una lectura amplia con diferentes connotaciones: “violencia política” como consecuencia, proceso complejo y ambiguo de actores locales y extralocales inmersos en conflictos por intereses particulares y políticos.

En lugar de usar el término de violencia apolítica, es necesario teorizar/sistematizar e incorporar dentro de la investigación la idea de guerra civil. Para ello se requiere identificar las acciones conjuntas que llevan a la ambigüedad entre lo local y lo supralocal. Propongo considerar la movilización campesina (colectivos o conjunto) en términos de política campesina, y buscar tras ella la lógica de la violencia comunal que sirva para teorizar/sistematizar la idea de la guerra civil en lugar de violencia política. Para ello, primero debemos conceptualizar nuestra idea de “guerra civil” en el Perú. Si bien se usa en textos escolares y académicos, la idea de guerra civil es difusa y maniquea, o se prefiere guardar silencio. Para Kalyvas (2001 y 2004). La guerra civil es un contexto que coloca un premio en la acción conjunta de los actores locales y supra-locales, internos y externos, individuales u organizaciones, civiles y ejércitos: la acción (incluida la violencia) resulta de su alianza en la búsqueda de sus diversas metas –cuya principal manifestación empírica es la ambigüedad–. La guerra civil entonces puede entenderse como la transformación de un proceso conjunto en la búsqueda del poder por parte de los actores colectivos y la búsqueda de ventaja por parte de los actores individuales y locales. En otras palabras, una parte importante de la violencia en la guerra civil es el resultado final de las transacciones o compromisos de agentes externos e internos, de los lugareños y los extraños, de los civiles y los soldados que en su conjunto producen la violencia selectiva.


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